Y me encontraba una vez más parado en su ventana, mirando aquella calle que solía frecuentar. En frente de esta, se encontraba una pared amarilla, y aquella escalera que por motivos de privacidad siempre se encontraba poco iluminada.
A lo lejos se escuchaba un ruido. Era un sonido tan familiar que no podía ser otro que el de aquella avenida que me ha acompañado y guiado a lo largo del camino. Y que por motivos del destino... siempre he de recorrer...
Pero bueno, lo más importante no era lo que se encontraba fuera. Sino aquella persona tan especial que se encontraba a mi lado, aquella que siempre me recibía con los brazos abiertos, una gran sonrisa, y que humildemente poseía un par de hermosas perlas negras que yo no podía dejar de mirar...
Ya no sabía qué hacer, todo se veía tan borroso a excepción de ella. y a pesar de saber que solo era un sueño... la verdad no me importo. Lo único que sabía era que ella era todo y yo no era nada. Aun así yo era feliz...